Noticia


29 noviembre, 2015


Hoy, como ayer, nos hemos tenido que levantar muy pronto para poder desayunar y salir rápidamente al bus para ir al palacio de verano.
En el bus, el guía, nos ha contado que el palacio de verano fue un regalo del emperador a su madre y que luego se utilizo como palacio residencial durante el verano porque hacia mucho calor en la ciudad prohibida.

Al llegar hemos visitado el sitio y hecho miles de fotos, era un palacio enorme y precioso. Al final de la visita, del frío que teníamos, hemos acabado todos apiñados en la tienda de souvenirs, con el guía llamándonos desesperado para que emprendiéramos de nuevo el camino hacia el bus.
Después, hemos ido a comer a un restaurante que tenia un fabrica de jarrones en el primer piso. Nos han enseñado como elaboran los jarrones y demás objetos típicos que parecen de porcelana, pero que en realidad son de cobre. También, hemos visitado la tienda que había y en un rato, hemos salido al bus para ir a la gran muralla china.

Al llegar allí todos nos hemos quedado impresionados. Las vistas eran alucinante, una construcción larguísima llena de infinitos escalones. El hecho de que estuviera nevado lo hacía aun más emocionante y hermoso. Pero la nieve también tiene su lado negativo, el agua y el hielo hacían que los escalones estuvieran muy resbaladizos. Nos ha costado mucho llegar arriba, los escalones eran muchos, muy seguidos y desiguales, pero ha valido la pena. Las vistas eran impresionantes y al llegar a lo más alto del trozo de muralla que hemos escalado había una curiosísima tienda de regalos donde entre otras cosas, vendía unas medallas que podías grabar con tu nombre a modo de trofeo tras el duro esfuerzo.

Finalmente,hemos vuelto al hotel, nos hemos puesto guapos, hemos cenado y ¡por fin! hemos ido a la ceremonia de entrega de premios, los resultados, aunque esperados, nos han decepcionado un poco, la verdad es que es difícil competir contra los asiáticos. Ellos en el cole dan muchas más horas de mates que nosotros, también parecen más rápidos y mucho más acostumbrados a trabajar bajo presión. Eso son contar que ellos no han volado casi 15 horas para llegar al lugar de la competición, no han sufrido jet lag ni han tenido que adaptarse a un tipo de comida y de horarios completamente diferentes. Estamos orgullosos de haber llegado hasta aquí, aunque ahora nos duela un poquito no haber conseguido destacar como nos gustaría. ¡El año que viene vamos a por ellos desde hoy!

Ahora mismo, apuramos las últimas horas de nuestra aventura en Pekín, a las 7 de la mañana sale nuestro avión y en un par de horas viene a buscarnos nuestro bus. Ha sido un viaje alucinante. Ahora a hacer las maletas para el viaje de vuelta a España.

¡Hasta pronto Pekín!

Miriam Jimenez y Daniel Izquierdo.
13 y 14 años, Madrid

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